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23/01/2008

Colombia: Pobreza y exclusión - nuevos enemigos de los jóvenes sucreños




San Onofre, ene 21 (IPC). - La violencia los azotó fuertemente en el pasado, el abandono estatal y la miseria los castiga en el presente y el futuro no presagia buenos vientos. Así es la vida de los jóvenes de Libertad, un pequeño corregimiento ubicado a 20 kilómetros del municipio San Onofre, departamento de Sucre.

El grado de desesperanza ha llegado a tal punto que los actuales problemas de drogadicción, hurtos y prostitución entre los jóvenes liberteños están haciendo olvidar los crímenes y abusos cometidos durante cuatro largos años por los hombres del bloque Héroes de los Montes de María de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), comandado por el hoy desaparecido Rodrigo Mercado Peluffo, alias “Cadena”, quien se erigió en “dios y ley” en este rincón de la Costa Norte colombiana.

En este poblado, de calles polvorientas, casas levantadas en bahareque y donde el calor no tiene clemencia, los hombres de las Auc impusieron desde 1997, año en que se registró el primer homicidio atribuible a los “paras”, normas de conducta social, cobraron tributos, ajusticiaron a quienes desafiaron sus ordenes y desplazaron forzosamente a decenas de familias que no simpatizaron con su presencia. Pero un drama aparte vivió la población juvenil durante la “ocupación paramilitar”.

“Luego de que se instalaron aquí, “Cadena” organizó unas fiestas patronales, con reinado y todo. Las jovencitas eran obligados a participar en esos reinados. Nadie se negaba porque quien lo hiciera corría peligro. Las fiestas eran todos unos “bacanales” a los que venían los mejores cantantes vallenatos de la época”, recuerda Adriana Porras, enfermera de profesión y quien llego a Libertad hace 15 años, pocos años antes de la entrada de los “paras” a la región.

En la voz de Porras aún se puede percibir la indignación que generó los innumerables crímenes sexuales cometidos contra estas jóvenes, los cuales se repitieron año tras año: “Las mismas niñas participantes eran llevadas dizque “de gira” a otras ciudades como Cartagena y Santa Marta, donde eran violentadas sexualmente por otros jefes paramilitares. Muchas se fueron del pueblo y otra aún no se atreven a denunciar por miedo”.

Entre los varones adolescentes la situación no fue distinta: a lo largo de cuatro años, varios fueron ajusticiados en la plaza principal, lo que originó un éxodo considerable de la población juvenil. “Muchos de los que se quedaron se metieron a los “paras”, porque no había más opciones”, relata Andrés Castro, otro liberteño.

Llegan las Auc

Libertad es un corregimiento ubicado a tan sólo 20 minutos del Golfo de Morrosquillo. Los hombres de Mercado Peluffo vieron en el poblado el eslabón ideal para su cadena estratégica de financiación y control territorial, pues desde allí conectaban con el Mar Caribe, vital para el envío de droga y el tráfico de armas, así como con los municipios San Antero y Tierralta, en Córdoba; y Ovejas y la región de los Montes de María, en Sucre; que a la postre se convirtieron en sus bastiones militares.

Por ello, no es de extrañar que este poblado, que llegó a tener cerca de 6.000 habitantes y que ahora no supera los 4.000 (de los cuales cerca de 1.000 es población juvenil), fuera custodiado celosamente por los “paras”, hasta que el pueblo, cansado de la opresión y de la nula acción militar para enfrentarlos, los echo a punta de palos y machetes.

El hecho todavía es recordado por los lugareños, quienes lo relatan con el orgullo propio de los héroes. En palabras de un poblador, “simplemente el miedo se transformó en ira”.

“Un día, en el mes de junio de 2003 si recuerdo bien, un tal comandante “Diomédez” quiso sacar a un muchacho de una casa para ajusticiarlo, simplemente por que no quiso entrarse temprano la noche anterior. La familia se opuso, y a ellos se le unieron los vecinos y así fue creciendo la resistencia hasta que “Diomédez” se abstuvo de matarlo. Pero el pueblo se armó de palos y machetes y lo persiguió hasta una de las salidas del pueblo, lo alcanzaron y lo mataron a golpes”, comenta la enfermera.

Aunque suene increíble, el resto de paramilitares comenzó a abandonar la zona, pues el desconcierto que generó la muerte de su comandante, unido al linchamiento público de varios de ellos, pudo más que cualquier acción militar en su contra.

Paradójicamente, el acto de heroísmo fue castigado con el abandono estatal por el entonces alcalde de San Onofre, Jorge Blanco, actualmente detenido e investigado por sus vínculos con los paramilitares. “Simplemente argumentó que venir a este corregimiento era muy peligroso, entonces nos dejó a la deriva”, añade Porras.





Urgente: reparación integral

Desde aquel acto de resistencia han transcurrido ya cinco años y aunque los “paras” se fueron, a buena parte de los habitantes aún los atormentan los recuerdos. Rosaria Julio, por ejemplo, fue obligada a salir de Libertad en el 2002, justo después del asesinato de su esposo, Benito Ricardo; “No tuve tiempo ni de enterrarlo”, comenta Rosaira.

Sólo el 7 de septiembre de 2007 pudo recuperar los restos de su esposo y hasta el momento, es lo único que ha recuperado de la vida que llevaba antes del trágico suceso, pues la finca que habitaba, la que años atrás destino para sembrar cultivos de pancoger, levantar ganado bovino y avícola, ya no quedan ni las ruinas.

“Simplemente se calló por el abandono. La tierra está ahí, pero ahora no tengo ni fuerzas ni dinero para levantarla y no tengo quien me ayude”, dice Rosaira.

Su caso no es el único. Buena parte de los pobladores manifiestan estar “aguantando física hambre”, pues la agricultura y la pesca, fuentes tradicionales de empleo en esta zona, se agotaron. De ahí que la sentencia más escuchada en estas tierras sea: “No nos mataron los paras, pero nos va a matar el hambre”.

La falta de opciones continúa generando un éxodo entre la población juvenil, con la diferencia de que ahora huyen de la pobreza. “Hoy, Libertad es un pueblo viejo. Muchos jóvenes se fueron en esa época por miedo a ser asesinados o reclutados y dicen que no quieren volver, porque el abandono en que estamos por culpa de la corrupción de los políticos es total”, señala Andrés Castro.

La situación de marginalidad no puede ser más dramática: el puesto de salud fue cerrado hace seis años y no se ha vuelto a reabrir, no hay vías óptimas de acceso, sólo hay energía eléctrica cuatro días a la semana y el agua es casi un privilegio.

A esto se suma la necesidad de atención psicosocial para sus pobladores, pues el duelo colectivo de tantos actos dolorosos aún no se ha elaborado. Además, el escepticismo que generan hechos como las desmovilizaciones de bloques de las Auc y la aplicación de Ley de Justicia y Paz no han permitido el resurgir del liderazgo social que caracterizó a esta población en épocas de antaño.

“Quién va a creer en la justicia, si uno de los hombres que más daño nos hizo, el señor Marco Tulio Pérez, alias el “Oso”, fue capturado mucho antes de desmovilizarse y condenado a 30 años de prisión y ahora está en Justicia y Paz y va a salir libre en, diga usted, cinco años. Entonces, van a quedar en la impunidad todas las violaciones a niñas que él cometió, todos los jóvenes y campesinos que ajustició”, relata un poblador.

Así las cosas, los liberteños sólo esperan que la petición hecha ante la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (Cnrr) por el Movimiento de Víctimas de San Onofre, de que allí se realice un acto de reparación colectiva, sea aceptada por el ente pues sería la mejor vía de recordarle a sus coterráneos que en Libertad nadie quiere que la historia se repita y muchos menos, se olvide.

Agencia de Prensa IPC
Medellín, Colombia

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